«No hay mejor psiquiatra que un perro lamiéndote la cara»

Hoy conocemos la historia de Pola, una de las viejis de Reserva que alguna vez tuvo familia. Quizás, la tuya pueda ser también la de ella. Mientras, espera como tantos otros en el refugio:
«Me llamo Pola. Soy una perra viejita, de esas que el tiempo llenó de canas y de sabiduría. No tuve suerte en mi vida… conocí el abandono y también el maltrato. Pero un día alguien de la Reserva Canina Gálvez me tendió la mano, y desde entonces este lugar se volvió mi refugio, mi esperanza.
Yo no soy la única. Aquí vivimos muchos perritos con historias distintas, pero con un mismo deseo: ser vistos. Algunos llegaron siendo apenas cachorros y crecieron entre estas paredes sin conocer lo que es tener una familia. Otros fueron rescatados de hogares donde no había amor, y acá encontraron cuidado y respeto.
La Reserva no es sólo un techo y comida. Es el sitio donde renacemos. Donde los voluntarios nos curan las heridas del cuerpo y también las del alma. Pero necesitamos más: necesitamos que la gente venga, que nos conozca, que vea en nuestros ojos las ganas de dar cariño.
Por eso hoy soy yo, Pola, quien los invita: vengan a visitarnos. Vengan a caminar entre los pasillos de la Reserva, a mirar a los que esperan desde hace años, a acariciarnos aunque sea un ratito. Tal vez descubran que el compañero que buscan está aquí, esperando en silencio.
No todos tendrán la suerte de ser adoptados, lo sé. Pero cada visita, cada mirada y cada caricia nos recuerdan que seguimos importando, que aún tenemos una oportunidad de ser parte de una familia.
¿Nos vienen a conocer? Yo, Pola, los espero con la cola moviéndose despacito y con el corazón lleno de ilusión».






