El bailarín del Colón Emanuel Abruzzo dictó una clase abierta en la ciudad a través del Estudio «Cuerpo y Alma»

El bailarín del Colón Emanuel Abruzzo dictó una clase abierta en la ciudad a través del Estudio «Cuerpo y Alma»
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La danza fue protagonista este domingo, en la Casa de la Historia y la Cultura. El bailarín Emanuel Abruzzo, del ballet estable del Teatro Colón, brindó una clase abierta a través del Estudio CUERPO Y ALMA, de la profesora Cintia Misagna, conmemorando de este modo el Día Internacional de la Danza. De la propuesta participaron niñas y jóvenes de la ciudad y la región, presenciando además la clase papás y público en general.

 

 

Tras dos horas de enseñanzas, dialogamos con Abruzzo, quien también es docente del Instituto del Colón y coreógrafo: «Hoy estuvimos trabajando el proceso de la clase de danza clásica de ballet, y ciertos aspectos que por ahí no están tan conocidos y que son un poquito más modernos. También hablamos un poquito de la historia de la danza y también fue un pantallazo de información para los padres que acompañaron a las niñas que tomaron la clase».

Rosarino de nacimiento, recordó que cuando era chico, «aprovechaba mucho cuando venían maestros de Capital Federal con material que por ahí no teníamos todos los días nosotros acá… Entonces trato de ir lo más posible, o de venir lo más posible de vuelta hacia el interior del país para justamente seguir compartiendo información: viajo constantemente, salto a Córdoba, Santa Fe, Rosario, siempre voy mucho a San Lorenzo, y tengo la suerte de colaborar con maestros y maestras de diferentes escuelas y estudios». «Yo trato de llegar con la información al alumno de la manera en que yo lo entiendo… Entonces busco ser lo más claro posible tratando de dar ejemplos que ayudan al alumno desde el punto de vista del humano que somos, primero, antes de ser bailarines«, añadió, remarcando, ante la presencia de familiares, especialmente papás, en la actividad que «es importante que los chicos y las chicas cuando están estudiando algo, sea lo que sea, se sientan apoyados y que tienen el soporte de alguien. Por suerte yo tuve una familia que siempre me acompañó, al principio no estaban tan de acuerdo algunos integrantes con que yo bailara, pero fueron aflojando y es algo muy importante que el alumno pueda crecer sabiendo que hay un lugar ahí, hay una mano que nos va a sostener si nos caemos en algún momento. Valoro mucho que hayan venido tantos padres el día de hoy y basado en las carcajadas que hubieron, no se aburrieron tanto como por ahí pensaron que iba a ocurrir en una clase de ballet, porque sabiendo que con humor uno puede entender mejor las cosas, trato de traer de vez en cuando un puchito de humor para ayudar a la coordinación entre movimiento y teoría».

 

Emanuel llevaba una remera que dice «Teatro Colón», lo que es todo un símbolo para un bailarín. «Yo me acuerdo cuando era chiquito y que lo veía tan lejos al Teatro Colón… Y es mucho trabajo, fui en contra de muchos obstáculos para llegar a trabajar ahí y tenerlo como mi oficina, como yo le digo, porque yo estoy llegando todas las mañanas, aparte de ser bailarín del Teatro Colón soy maestro de Instituto, y para mí es un logro gigante. Me digo ‘qué suerte que tengo, que afortunado que soy’.  Ayer hablaba con una amiga, Cecilia Figaredo, al respecto de lo que significa el Teatro Colón para nosotros como bailarines argentinos, que crecimos añorando trabajar ahí, o que crecimos ahí. Yo no tuve la suerte de estar mucho tiempo en el Teatro Colón de chico, pero ahora ya llevo 10 años como bailarín del ballet estable y 3 como maestro de instituto, y es un lugar majestuoso, donde se maneja una energía muy linda». «En la danza siempre he conocido muchos bailarines y bailarinas de diferentes lugares del mundo y siempre dicen: ‘La Argentina siempre tiene gente buena, algo debe haber en el agua’… La Argentina lo que tiene es la resiliencia de seguir empujando para adelante. Tenemos una forma de trabajar de, me caigo, me levanto de vuelta y sigo de vuelta, y esa cultura, por ahí no está en todos lados«.

Emanuel tomó notoriedad en pandemia en el país y el mundo, cuando «empecé a hacer unas clases gratuitas por Internet, pensando simplemente en que yo también tenía que mantenerme en forma para volver a bailar. No sabía si eran dos semanas, tres semanas, un mes y volvíamos, pero tenía que mantenerme en forma y me dije que había mucha gente que también necesitaba y quería hacer clases en su casa». Hoy, con la actividad a pleno, como mensaje final entendió que «más allá de que uno llegue a bailar profesionalmente o no, la danza es algo que nos enseña disciplina… Uno entra a la clase de ballet, se prepara y se agarra de la barra y es un momento para estar concentrados en nuestro propio cuerpo, y la danza nos enseña a querer lo que hacemos«.

 

 

FOTOS: GálvezHOY / ENFOCO STUDIOS, muchas gracias!!!

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