«Sabores y aromas del ayer», hoy: Bar y Comedor «La Brisa»

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A través del CeDA, seguimos compartiendo historias de la ciudad referidas a la comida y nuestras costumbres. Hoy, Bar y Comedor LA BRISA, en el Ceci BBC…
Por René Ceci.  «Para valorar en su justa medida las actividades desarrolladas en el Bar y Comedor La Brisa, es necesario mencionar que la principal característica de su historia reside en que la misma se gestó dentro de la organización social del Ceci BBC.  Brevemente diré, los abuelos Ceci en 1933 habían donado el terreno para el asentamiento del Club que propiciaba crear su hijo Pedro Pablo. La ubicación del predio era el centro de la manzana delimitada por las calles: La Pampa (hoy Pedro Pablo Ceci), 1º de Mayo, Córdoba y Salta.
Pedro y sus hermanos, tenían sus casas en la misma manzana lindando en sus fondos con la tierra donada, es decir el Club. En la medida que éste fue creciendo los hermanos Ceci fueron vendiendo parte de sus lotes a la Institución. A la par de las incipientes actividades deportivas, fue creciendo la actividad social. Así es que, en lo que es hoy el Gimnasio de Aparatología Física, funcionaba lo que se denominaba “El Rancho” que prestaba el servicio de bar.
Tengo muy pocos recuerdos de su origen y funcionamiento; creo que temporariamente lo regenteó mi tío Luis Ceci. Al tiempo, por motivos que desconozco, éste dejó de funcionar. Mi padre José, más conocido como “el Ñato”, al observar esta carencia propuso a la Comisión Directiva instalar un bar en los fondos de su propiedad, la cual estaba ubicada con frente a la antigua calle La Pampa (hoy Pedro P. Ceci) y de esta manera seguir atendiendo a la masa societaria.
Acordada la iniciativa se construyó el edificio y una vivienda lindante (hoy parte de los vestuarios de la pileta de natación climatizada). Así, con esta estructura edilicia lista, podemos decir que comienza la historia del Bar y Comedor “La Brisa”. A la casa edificada conjuntamente con el Bar se trasladó temporalmente mi familia. La cocina era el ambiente vinculante. Estimo que el mismo comenzó a funcionar en los años 1949/50.
Al frente del emprendimiento estaba mi padre, apoyado por mi madre María Seletti y mis abuelos maternos. Vecinos de aquella época, podrán recordar que al Club se lo utilizaba como una alternativa de tránsito para acortar el recorrido que los llevaba a sus destinos. Ésto se debía a que no existían cercos perimetrales.
Conclusión, aprovechando esa situación la barriada también comenzó a utilizar el Bar para abastecerse de elementos mínimos para sus hogares, lo que propició la oportunidad de ampliar los rubros de prestación. Recuerdo que una vez cercada la superficie que ocupaba el Club, provocó la disconformidad del vecindario pues ya lo consideraban un paso natural. En el mientras tanto, social y deportivamente, el Club cobraba volumen, y el Bar se convertía en lo que se había proyectado: el centro de encuentro de los distintos deportistas luego de las prácticas de la distintas disciplinas.
A estas costumbres, se fueron incorporando actividades lúdicas como juegos de naipes, billar, etc.; se hicieron tradicionales las reuniones de los días domingos al mediodía, donde distintos grupos conformando mesas de 10 a 15 personas amenizaban y disfrutaban de lo acontecido durante la semana o comentaban los resultados de las competencias deportivas. Es de resaltar, que luego de cada partido de básquet, fuera cual fuera su resultado, era típico abrir después de hora para el análisis de lo acontecido y calmar la sed de los jugadores, degustanto cerveza helada o gaseosas. Terapia que siempre dio sus frutos.
Esta actividad social fue acompañada al principio por pequeñas cenas reservadas por esos mismos grupos, las cuales se fueron ampliando ante la necesidad de festejar acontecimientos importantes, como despedidas de solteros, aniversarios, casamientos, cumpleaños. Todo lo cual fue consolidando un sentido de pertenencia al club, diría casi familiar que si bien pasan los años, se mantiene como postulado de la Institución.
Cabe resaltar que esta movida barrial, fue acompañada por el resto de la población que valorando la atención que se brindaba también decidió usufructuar del ambiente y la calidad del servicio. La carta no era sofisticada, se trataba generalmente de cocina casera, rápida de resolver, destacándose en las reuniones numerosas el asado. Cuando los grupos eran pequeños mi padre trataba de innovar con nuevos platos para luego ampliar la gama de comidas en eventos de importancia.
Otra de las singularidades era que tratándose de encuentros de amigos, muchas veces los mismos clientes pasaban a ayudar en la atención y/o cocina, los que a futuro fueron colaboradores de la Institución en fiestas especiales. Así fue que del resultado de estas experiencias, en una oportunidad mi madre elaboró un postre especial, especie de budín borracho, con base de vainillas embebidas en licor, crema pastelera, chantillí y nueces. Fue tal la aceptación, que lo pedían como la especialidad de la casa. A este plato se lo bautizó con el nombre de “La Brisa”. Más de una vez, le requerían la fórmula de los ingredientes pero mi padre guardaba el secreto bajo siete llaves. Creo que el toque especial estaba dado en el tipo de bebida que aplicaba a las vainillas.
Lo que acabo de relatar lo considero como el origen del emprendimiento, y como habrán observado también, el inicio del desarrollo de una comunidad nucleada en un club de barrio. Pasaron los años, mi padre se dedicó a otras actividades y el “Bar la Brisa” pasó a ser propiedad del Club, administrado a veces por las Comisiones Directivas, alquilado otras, pero siempre manteniendo el concepto para lo cual fue creado. Si bien hoy no se desarrolla una actividad comercial diaria, el lugar fue acondicionado para encuentros sociales, reuniones de no más de 80 personas siempre atendidos por la Comisión Directiva con su equipo notable de catering, constituyéndose en un ambiente más que se le brinda al asociado y a la población en general que lo requiera.
En la última remodelación, al limpiar el frente que en su momento sirvió de pantalla para las funciones de cine al aire libre -otra actividad que incursionó la Institución-, brotó el cartel original pudiéndose leer claramente “Bar La Brisa”. Sinceramente, para muchos y en especial para mí, fue un momento de felicidad y nostalgia difícil de olvidar. Al pie de la nota, reproduzco una foto de la época, donde se observa una reunión creo familiar, en el bar, en donde, desde la punta de mesa derecha en quinto lugar me encuentro entre mi Abuela y mi Madre».

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