«SABORES Y AROMAS DEL AYER», hoy: BAR PRUS

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* Por Horacio Prus

Corría el año 1961 y a Antonio Prus, “el Ruso”, por entonces ferroviario, que alternaba su trabajo, su familia y su pasión por el básquet en su amado Ceci BBC; ya se le cruzaba por la cabeza la idea de un emprendimiento propio.

En principio, pensó en un bazar, puesto que era un rubro todavía poco explotado en Gálvez. Fue acercándose fin de año y en aquel entonces, el presidente de la nación don Arturo Frondizi, ofrecía una especie de retiro voluntario, con el fin de reducir la cantidad de empleados ferroviarios, que tenía vigencia hasta el 31 de diciembre de ese mismo año.
Antonio ya se había casado con mamá, Isabel Piccoli, profesora de inglés de varias generaciones de galvenses, y el hermano menor de ésta, recordado por sus travesuras adolescentes, Néstor Piccoli (el Negro) le comenta que el padre de un amigo suyo, don Bella, dueño de una heladería situada donde hoy se encuentra el bar, en Sarmiento y Rivadavia, tenía intenciones de vender el negocio, pero cuando le contó el precio que pretendía le dijo que era excesivamente caro para sus posibilidades. Pero su cuñado le insistió tanto… tanto… que concretaron una reunión con don Bella.

El hombre le contó que estaba cansado y que quería vender, pero el precio seguía siendo inalcanzable. Entonces don Bella le propone que le junte lo que pueda y que después le iba pagando con las utilidades que genere la heladería.

Fue así que “el Ruso” hizo la jugada de su vida, ignorando el consejo de su padre Teodoro, quien le auguraba una buena carrera en el ferrocarril: se acogió al retiro voluntario, vendió un terreno que tenía y una motoneta Siambreta que hasta ese entonces era todo su capital, y a principios del año 1962 se hizo cargo de la heladería.

Don Bella lo acompañó los primeros meses para transmitirle todos los conocimientos muy generosamente. En esa época los cremas se hervían en ollas de cobre con quemadores a kerosene, había que batir a mano, romper infinidad de huevos y después el proceso de fabricación del helado con la máquina con “gusano” (a una parte de la máquina le llamaban así), de la cual se retira el helado con una pala de madera en forma manual. Eran muchísimas horas de trabajo, se empezaba la elaboración a las 4 de la mañana.

El negocio prosperó muy rápidamente, pero Antonio que era un hombre muy difícil de conformar, advirtió que en invierno había que complementar la heladería con otras cosas, porque se iba a hacer muy duro subsistir, ya que la temporada de helado era generalmente desde octubre hasta marzo, aproximadamente en esos años. Entonces en una primera época vendían chocolate en taza, tortas y churros, ayudado por su hermana Rosita, pero tampoco le pareció suficiente. Entonces recordó que, en sus viajes a Rosario como ferroviario, en la ciudad se consumían sandwichs de miga, pebetes y carlitos. Fue así que la heladería se fue transformando paulatinamente en bar.

Luego vino el momento de comprar el inmueble, ya que éste no estaba incluido en el precio y era de la familia Bodnar: luego de largas negociaciones se concretó la compra, sinceramente no recuerdo el año, pero supongo que debió haber sido 1964 o 1965.

El nuevo bar, la incorporación de tragos, sandwichería, etc., tuvo tanta aceptación que no paraba de crecer, por lo que el inmueble de ese entonces, muy viejo e incómodo, no estaba a la altura de las circunstancias. Fue en el año 1970 que se demuele el viejo local y se comienza la obra del actual edificio, que fue diseñado por el estudio Martino y Perucca y construido por Gino Pavía. El mismo fue inaugurado en el año 1972 y durante esos dos años, el bar y la heladería se trasladaron transitoriamente al local contiguo al Paseo Edén por calle sarmiento, donde hoy se ubica Ke-Fácil y durante muchos años estuvo el supermercado “El Buen Gusto” de la familia Cabo.

En los primeros años, la leche para la fabricación de helados se traía en los tachos directamente desde los tambos, generalmente en jardineras: fue allí que un empleado de campo en ese entonces, el entrañable Luis “Chichín” Capitanelli, quien se acercaba al bar regularmente a traer leche, ya que él trabaja junto a sus padres y sus hermanos en un tambo cercano a la ciudad, y Antonio le propone si quería trabajar con él. Chichín aceptó rápidamente y pasó toda su vida laboral en el bar hasta sus últimos días: no alcanzaría un libro entero para contar las vivencias y anécdotas de Chichín, quien se ganó el cariño de generaciones enteras que pasaron por el bar.

Luego se fueron sumando nuevos empleados, entre ellos “Cachi Capitanelli”, hermano de Chichín, más tarde fueron llegando Jorge Kenig, su hermano “Pato”… recuerdo yo de muy chico infinidad de empleados como Roberto Trabuchi, Oscar Giampieri, Ofelia Maggioni (elaboraba los sandwichs), el querido Tito Pascuale (mozo muy cordial), su hermano Victor Hugo (Gallina) y sinceramente debo estar siendo injusto con un montón de chicos que trabajaron temporariamente y no podría nombrar a todos. La verdad es que la relación con el personal, más allá que mi papá era un patrón muy exigente y tenía un carácter muy fuerte, siempre fue muy linda, tal es así que aún hoy mis hermanos, mi madre y yo tenemos una relación muy afectuosa con todos los ex empleados y sus respectivas familias.

Con el correr de los años, mis hermanos y yo fuimos creciendo y nos fuimos incorporando a partir de los 12 o 13 años a ayudar, y en realidad era un lindo trabajo, para esa época la vida era más distendida y generalmente después de cerrar nos quedábamos con los empleados y algún que otro cliente/amigo trasnochado tomando cervezas y charlando hasta altas horas de la madrugada sobre bueyes perdidos, sobre todo en verano.

Años más tarde, en distintas épocas, los hermanos nos fuimos a estudiar afuera, pero nunca dejamos de trabajar, ya que los fines de semana y los veranos siempre nos hacíamos tiempo para ir a ayudar y cuando volvimos definitivamente, el mayor, Marcelo entró a trabajar al banco Litorcoop y a desarrollar su profesión de programador, Ricardo volvió al bar, yo también volví, pero luego de unos años me fui definitivamente para dedicarme exclusivamente a un emprendimiento personal. Ya para ese entonces Ricardo se había hecho cargo totalmente de la gestión del bar, y aún hoy sigue siendo el dueño ayudado por su hijo Andrés y por un plantel de muy buenos chicos que también llevan muchos años acompañándolos, como Jorgito Hernández, Víctor Sanchez, Tuky Suarez, Fede Bonfietti, Rosa Kenig y muchos más.

Si bien ya no pertenezco más al staff, es un orgullo para mí haber formado parte de esta maravillosa historia llena de lindos momentos y otros un poco duros, donde conocí infinidad de personas, forjé muchísimas amistades y aprendí a desarrollarme en diversas tareas y a formarme comercialmente.

Hoy me genera mucho orgullo escuchar comentarios como “los sandwichs de Prus son insuperables” o que “a las papitas con mayonesa del Ruso no hay con qué darles”, y también me da mucha satisfacción encontrarme con gente que ya no está en Gálvez y me dice que a pesar de la distancia el bar Prus es un sentimiento, en el que pasaron una época maravillosa de sus vidas.

 

 

PIES DE FOTO:

Foto 1 y 2: Marcelo, Ricardo, Antonio y Horacio Prus.
Foto 3: Duro Vottero, Luigui Gonzalez, Carlitos Arcando, Pancho San Martino, Pepo Boero, Huevo Rapuzzi y Richard Huber.
Foto 4: Ariel Audero, Lencho Grandi y yo
Foto 5: El Ruso con su nieto Andres
Foto 6: Jorge Kenig, Chichin y yo junto a Baglieto y Fito Paez que habían venido a tocar a Centenario un Jueves Santo en el año 1984.
Foto 7: Pato Kenig y Jorge Kenig junto a Betina Monteverde en su cumpleaños de 15, que atendimos el servicio.
Foto 8: Un almuerzo con todo el personal y sus flias. Gustavo Geizer, Jorgito Hernández, Mario Marieni, Chichín Capitanelli, Jorge Kenig, Pato Kenig, Tito Pascuale, Tacuara Gelotti, Víctor Sanchez, Pancita Capitaneli, Juan Capitaneli, Marcelo Prus.
Foto 9: Ricardo Prus y Mariano Casiraga.
Foto 10: Cacho Sala, Ariel Audero, Jorge Félcaro, Silvio Franchini, Negro Correa, Jorge Kenig.
Foto 11: Chichin Capitanelli en la barra del bar.
Foto 12, 13 y 14: Vistas del local.
Foto 15: Publicidad Confitería, Rotisería, Fabrica de Helados de C. Bella, Boletin Centro Comercial 1948. Gentileza Beatriz Telesco Ornella.

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