En la Biblioteca Popular Dr. Andrés Egaña, dentro de su edificio ubicado en la intersección de Mitre y Rivadavia funciona un “hospital de libros”. Un grupo de galvenses comprometidos con la conservación del valiosísimo patrimonio conformado por los miles de libros de la institución se reúnen semana a semana con el firme objetivo de “remendar” aquellos ejemplares que, sea por el paso del tiempo o por el trato poco amable de algunos lectores, no están en las condiciones adecuadas.

Se conoce como encuadernación a la acción de coser, pegar, grapar o fijar varias hojas sueltas, pliegos de papel, cuadernos o libros y ponerles cubiertas. Aunque lo que se hace semanal y metódicamente cada martes y cada jueves en un espacio del amplio edificio de la biblioteca, trasciende el mero hecho técnico para convertirse en una actividad que ayude a conservar, lo más fielmente posible, aquellos ejemplares que sin lugar a dudas forman parte de la historia de la humanidad y que, además de ocupar un lugar en las estanterías, pueden llegar a ocupar un lugar en la vida de cada ser humano.

Julio Mansilla vivió hasta hace una década en la ciudad de Morteros (Córdoba), momento en el que por motivos personales se mudó y se instaló en Gálvez. Hace ya unos 5 años, Julio, que había adquirido el oficio de encuadernador en la vecina provincia, ofreció mediante un proyecto prolijamente presentado un curso de encuadernación que se dictaría en la Biblioteca Popular y como contrapartida el responsable solicitó que aquellos que asistieran al taller se comprometan en ofrecer algunas horas a aplicar lo aprendido con los ejemplares que lo necesitaran. Así fue que luego de tres talleres, actualmente entre 8 y 10 personas cuentan con la capacitación que, no con poco compromiso y una paciencia infinita, hoy pueden poner en práctica.

El trabajo comienza por evaluar el estado de los ejemplares que, según el criterio de los encuadernadores, deben ser intervenidos. Generalmente son las bibliotecólogas quienes acercan al grupo los libros en mal estado. Y es en ese momento cuando comienza la acción. Dentro de una habitación, que en otro momento fue un depósito, se montó el taller que hoy cuenta con una pesada e imponente guillotina, varias prensas y todo tipo de herramientas necesarias para realizar el proceso.

Los encuadernadores lijan, despegan y pegan hojas, cosen, preparan las tapas y entre cartones, cartulinas, cola, pinceles, hilos pero principalmente muchas ganas y dedicación, realizan un trabajo ad honorem por el bien de la centenaria institución.

Según registros de Julio Mansilla, el responsable de que hoy en Gálvez exista un Taller de encuadernación, en aproximadamente 4 años ya se llevan restaurados 437 libros. El trabajo es continuo y a pesar de ser sistemático no se convierte en una rutina. Los encuadernadores se reúnen semana a semana y durante algo más que un par de horas se dedican, paso a paso, a la restauración.

Mientras haya trabajo -en este caso libros por restaurar- ellos se seguirán reuniendo y, de manera desinteresada y con gran dedicación, continuarán recuperando ejemplares para conservar un gran patrimonio cultural en beneficio de toda la comunidad.