Este jueves, ocurrió un nuevo suicidio en la ciudad, el tercero en 15 días. Anteriormente, el domingo 9 un joven murió al colgarse en su habitación, y también hubo casos en octubre, noviembre y diciembre, un índice preocupante para una ciudad de casi 30.000 habitantes. Para tratar de comprender esta realidad, “Hora de Noticias” y GálvezHoy dialogamos con el psicólogo Ramiro Relancio, quien trabaja en el hospital local y ha atendido varios casos de intento de suicidio, especialmente de jóvenes.
En primer lugar, el profesional se mostró “contrario a las estadísticas, porque marcan una idealización de situaciones que aparecen marcadas por el suicidio pero que pertenecen a historias de vida diferentes. En Gálvez no manejo estadísticas, sí me asombra en cada historia particular lo que sucede, y lo que hace el suicidio es borrar la historia de cada persona que toma esta determinación”. Sin embargo, sí resaltó “que ha habido un aumento de justificaciones de situaciones banales que llevan a alguien a intentar quitarse la vida, como la pelea con la novia, o problemas del orden conyugal”.
Relancio planteó que hay diversas situaciones que pueden hacer que se produzca este acto. “A veces hay personas que están en un estado que no aguantan  más, y ven en la muerte la salida, sintiendo que ya no tienen fuerza para vivir y tiran la toalla. Hay otro tipo de situaciones como la depresión, donde a partir de una pérdida, de eso que se pierde y nunca termina de ser nombrado, que chupa a la persona y hace que cometa el suicidio en función de reproducir esa pérdida. Y después hay otro tipo de suicido que no aparece en las estadísticas, como los accidentes de tránsito, por ejemplo, donde uno se pregunta por qué alguien, sabiendo que tenía tal o cual riesgo, provoca un accidente, como así una sobredosis de droga…”.
Excepto el último caso, los últimos hechos de suicidio en la ciudad involucraron a personas jóvenes. ¿Es esto un llamado de atención a los padres, o a la sociedad toda?
– El acto del suicidio es un acto que interroga a los sobrevivientes, aparece el por qué ante un acto que pareciera sin sentido. Lo que sí hemos visto en las numerosas consultas que recibimos, es que ha habido un aumento de justificaciones de situaciones banales que llevan a alguien a intentar un suicidio: una pelea con la novia, o problemas del orden conyugal, y esto nos lleva a preguntar qué fuerza de vida tiene esa persona para enfrentar determinada situación. Nosotros, cuando nacemos, somos inscriptos dentro del discurso de otros y según el tipo de difusión que tengamos, tenemos más o menos fuerza para poder enfrentar nuestra vida, y en algún tipo esta inscripción falla. Ese tipo de suicidio es el que nos tiene que preocupar como sociedad: que alguien por causas aparentemente banales, triviales, se suicide.
¿Qué se puede hacer entonces, como sociedad?
– Ese es un tema complejo, hay gente que tiene más estudios que yo para explicarlo, pero lo que sí tenemos es que la situación de la importancia de cada uno, de lo individual, está siendo borrado por lo que llamamos la sociedad de consumo, donde el nombre está cambiado por la marca. Entonces, cuando uno encuentra una situación que lo supera, pareciera que tiene que quitarse la vida, y a veces lo logra. En nuestros consultorios estamos recibiendo numerosos chicos que están atravesando por este tipo de situaciones, como peleas con la novia, no tienen ninguna otra causa aparente y vienen con intentos de suicidio. Y esto por supuesto que preocupa, porque este tipo de actos nos interrogan dado que se supone que esta sociedad tiene que producir bienestar a la gente, y hay algo en un punto, un malestar que a la gente no le alcanza… Un punto paradójico es que en sociedades subdesarrolladas, las tasas de suicidio son muy bajas, a diferencia de los países desarrollados como Japón, donde son altísimas.