No sé si a vos te pasa lo mismo que a mí, pero muchas veces me hago esta pregunta: ¡¡¿Qué nos pasa como sociedad?!!

Procuro entender cómo cambió tan rápido el escenario social y cultural. Cómo los márgenes se fueron corriendo hasta llegar a lugares impensados poco tiempo atrás. Y reflexiono: no hace mucho lo que era verdad, era verdad y punto; pero ahora la verdad se ha vuelto relativa, de modo que cada quién tiene su versión e interpretación de la verdad.

Recuerdo que mi maestra de escuela primaria era algo casi sagrado. Hoy veo que se le puede faltar el respeto y hasta agredir sin tener mayores consecuencias, al punto que el docente tienen que salir a pedir disculpas y el colegio dice: “Van a analizar un nuevo código interno de convivencia”, y para completar el cuadro, algunos padres aprueban esa conducta de sus hijos. Entre otras cuestiones, no llego a entender cómo nuestras leyes dicen que un menor de dieciocho años, no puede comprar bebidas alcohólicas, cigarrillos y hacerse cargo de sus actos criminales, pero por otra parte un gran número de políticos, artistas, “pensadores modernos”, quieren hacer ley que una niña de 12 años pueda libremente hacerse un aborto sin siquiera, el consentimiento de sus padres. La lista puede seguir, pero no es mi intención sumar “pálidas”. Leí algo que le ocurrió a un gobernante hace unos cientos de años atrás y dije: “Quizás mientras que estas cosas están siendo en nuestra sociedad, mientras creemos que no pasa nada, las cosas se nos están yendo de las manos”, y te comparto el breve relato de Luis XVI.

Luis XVI solía tener un diario donde registraba los acontecimientos más relevantes que le pasaban, sin embargo, un día no halló que escribir y puso: “NADA”. Ese día fue el martes 14 de julio de 1789. Para él no había nada importante que destacar. Lo malo es que ése fue el día en que los revolucionarios de Francia tomaron la Bastilla y el reinado de Luis XVI terminó con su decapitación. El rey estaba ciego ante la decadencia moral, el despilfarro y debilitamiento de su reino a tal punto que no fue capaz de advertir la ruina que le venía.

¿¿¿Será que estamos así??? Que no nos damos cuenta, que pensamos “no pasa nada,” pero en realidad se esté perdiendo el rumbo de los valores que levantaron nuestros próceres, aquellos que pagaron con su vida por la libertad que hoy gozamos en estas tierras. O los valores que levantaron nuestros abuelos y bisabuelos, que soñaron con la Patria grande, con un futuro mejor para los que los que vinieran luego y trabajaron con tesón para alcanzar el sueño que no vieron cumplido pero que esperaban que los suyos lo vieran concretado.

Para los que me conocen, saben que soy una persona de fe cristiana y eso puede hacer que mi reflexionar tenga un toque de subjetividad; pero también recordaba lo que dijo, según algunos el más grande filósofo ateo del siglo pasado, Bertrand Russell: “A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de vivir no tiene sentido. Si Dios no existe. Si somos un capricho de la naturaleza, un caldo de cultivo de células complejas, ¿saben qué? nuestra vida no tiene sentido. Todo comienza con Dios, continúa con Dios y acaba con Dios.”

¿Será que es tiempo de volver a Dios? Pero no al Dios de instituciones religiosas, si al Dios vivo, el que Jesús vino a mostrarnos, el Cristo que quiere caminar junto a nosotros todos los días. El Dios de los valores, del amor, del respeto, de la familia presente conteniendo, educando; el Dios Creador, dador de la vida y, por ende, el que siempre defiende la vida como bien supremo. Porque a eso vino Jesús. A devolvernos la vida que habíamos perdido. El lo expresa así en el evangelio de Juan: “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia”.

Pastor Marcelo Biglia

Iglesia “Príncipe de Paz”