Cuando una persona dice “me quiero separar”, lo primero que respondo es “¿Y por qué no lo hiciste todavía?”, y ahí aparecen las respuestas más variadas. La mayoría de las veces es por los hijos en común, otras por cuestiones económicas, algunos por temor a estar solos. Están los que piensan en las reacciones de la familia de origen propia o política, si perderán amistades como consecuencia de la separación. Todas estas respuestas implican algo ajeno, si bien son elementos que se cuelan en el vínculo, en una pareja sólo son dos.

Los hijos siempre preferirán padres felices antes que una casa que se tornó un campo minado, las cuestiones económicas podrán ser solucionadas de diferentes maneras y respecto a las opiniones o reacciones de terceros, habrá que evaluar el costo emocional de sostener un vínculo por el “qué dirán”.

Lo importante siempre es pensar en qué contexto se emite la frase. Si acabas de discutir con tu pareja, si te enteraste de una infidelidad reciente, si te sentiste seducido por un tercero, si sentís que “ya no cambia más”, sólo puedo decirte que una relación se edifica en el tiempo y en una sumatoria de situaciones, por tanto una decisión de éstas no puede tomarse por un solo hecho aislado o inmerso en el enojo, el dolor, la ira, menos por la seducción de alguien idealizado, con quien no se compartió la mínima parte de lo que se vivió en estos años. Es necesario tomarse el tiempo necesario para evaluar los motivos reales por los cuales estamos pensando en esa posibilidad.

A veces optamos por pedir consejos a un familiar, un amigo o un hijo ya mayor. Los demás podrán opinar, suponer, hacer hipótesis, pero las personas que se encuentran en la relación, reitero, son sólo dos. ¿Qué puede decirnos alguien que no está sosteniendo este vínculo específico con esta persona en particular?

Hay parejas que se encuentran atrapadas en vínculos de violencia, en relaciones de enorme daño emocional y no pongo en duda que tomar distancia en esos casos es una necesidad que requiere de mucho trabajo para vencer el miedo y los obstáculos de quien lo padece. Pero hay otras que han idealizado cómo debe ser una “pareja perfecta” y cuando sienten que no lo logran, prefieren terminar con todo en busca de una utopía.

Hay quienes, cuando finaliza la etapa de enamoramiento, creen que ya no aman y escapan de la estabilidad sin saber que es en ese exacto punto donde debiera surgir un lazo único, duradero, donde nos aceptamos con defectos y virtudes, donde entendemos que todos somos seres diferentes y habrá aspectos de acuerdo y desacuerdo. Este es el momento donde debemos empezar a conciliar, a “tirar juntos para el mismo lado”, ayudarnos entre los dos a crecer individualmente y alcanzar la sabiduría en la pareja.

Lo importante en todo esto es que debe ser una decisión personal. No importa qué diga la familia, qué opinen los hijos, las amistades. Los integrantes de la dupla son los únicos que conocen todos los pormenores del vínculo. Lo ideal sería siempre tener una conversación sincera de a dos, exhibir los problemas, buscar soluciones y en algunos casos optar por la ayuda profesional.

Hay muchísimas parejas que aún al borde de la separación pueden volver a empezar. No de cero, por supuesto, ya que el punto de inicio de esa relación nos condujo a donde estamos y por el mismo camino encontraríamos similares resultados. La propuesta será entonces alcanzar un nivel superior, potenciando las habilidades de cada uno, ampliando los horizontes de la pareja, con nuevos modos de relacionarnos y comunicarnos.

Los invito a mandar sus sugerencias, inquietudes o consultas por mensaje privado a la página de Facebook, mail o número de celular que figuran debajo. Y los espero la próxima semana con otro tema para pensar los problemas que nos afectan individualmente, a nuestra pareja o a la familia…

Ps. Renata Gianetta – M. 2004

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