El pastor Hernán Sánchez -de la Iglesia “Príncipe de Paz”- y su familia, se radicó hace casi un año a México. En febrero de 2017, los cuatro se instalaron en la ciudad de Léon, de dos millones de habitantes, en diciembre volvieron a Argentina a compartir un tiempo con sus seres queridos y amigos, y este martes 16, retornaban a su nuevo lugar en el mundo… 

“Estamos en el Estado de Guanajuato, un estado que está en el medio de México y que linda con Guadalajara y Jalisco… Es un lindo estado, un lugar parecido a Córdoba o San Luis”, comentó Sánchez, recordando que en los comienzos en un nuevo país “nos encontramos con situaciones a veces muy buenas y a veces adversas, pero uno tiene que enfrentarlas, y lo importante es que cuando uno tiene una familia y una iglesia que lo apoya, puede tomar decisiones en el momento justo“.

La Iglesia “Príncipe de Paz” llegó a México con la familia Sánchez. “Si bien hay varias iglesias, nuestra iglesia llegó con nosotros… Hoy a está instalada casi en el centro de León, a unas diez cuadras del estadio de fútbol del Club León, donde viven muchos argentinos y Dios nos ha dado justamente la posibilidad de trabajar con muchos futbolistas, futbolistas para Cristo, que aman a Dios y trabajan para servirle”, destacó, en tanto que mencionó además el trabajo que realizan con personas que luchan contra las adicciones, en un país donde de 2010 a 2017, el consumo de drogas aumentó casi un 50%.

“La realidad espiritual en México es que los mexicanos son muy creyentes, pero a veces creen en diferentes cosas, toman cuestiones culturales que son difíciles de entender, pero lo importante es que están siempre en la búsqueda con lo espiritual”, reflexiónó.

Para él y su familia, “lo más difícil fue el desarraigo… Ahora nos estamos volviendo y lo vemos también para nuestras familias que quedan acá. Las distancias son largas y no es sencillo, por lo que hay un vacío que no se puede llenar fácilmente”. De todos modos, “este ir a México es para nosotros un desafío… Entendemos que Dios es un Dios de desafío, que abre puertas, y como Iglesia, como pastor, junto al pastor Marcelo Biglia, creemos que Dios va abriendo puertas, y México era una gran puerta para nuestra congregación y creo que es el comienzo de otros lugares, otros países donde se va a estar llevando el Evangelio”.

“Nosotros nos sentimos privilegiados”, finalizó, “el que Dios haya puesto en nuestros corazones el deseo de poder servirles, porque El dice que pone tanto el querer como el hacer, y haber recibido este llamado, hacer lo que otros no están dispuestos a hacer y algunos te dicen ‘y cómo dejás la familia’, solamente alguien que está convencido que Dios lo llamó para esto pueden hacer lo que algunos llaman una locura, pero para nosotros es un bendición“.