Hoy compartimos con nuestros lectores, la carta que nos hizo llegar Hugo, el papá de Lucía Quiroga, quien es de nuestra ciudad y se encuentra de misión en la Fazenda do Natal, en Salvador de Bahía (Brasil).

En este emotivo escrito, la galvense cuenta la realidad con que se encuentra día a día, la desprotección de los niños y su vocación de servicio como su fe en Dios. La esperamos a su retorno, para charlar con ella sobre su experiencia…

La mayor transformación, la mayor excepcionalidad, es el hombre que mendiga del Misterio, poder conocerlo, amarlo y servirlo: Mendigar es oración. Mendigar a Dios la capacidad de expresar nuevamente la frase de Pedro: “Señor, Tú sabes que te amo” Luigi Giussani

 

“Mis queridos padrinos, familiares y amigos:

¿Cómo están? Espero que muy bien, felices y sintiendo el abrazo caluroso de Nuestra Guadalupana, la mamá que tanto me recuerda a ustedes y a mi querida Santa Fe. Bueno… aparte de Nuestra Señora, otros que no me dejan lejos de mi tierra son los mosquitos y la humedad (y estamos en invierno, no imagino lo que será un medio día de verano en La Bahía), aquí no hay repelente que aguante. Aún así, estoy muy bien. Los mosquitos no me quitan la felicidad que me da Dios en este pueblo Bahiano. Les cuento que hace tres meses y un poco más, que estoy aquí. Tres meses en que no sé bien cómo expresar la grandeza de este Dios que nos creó; porque es en este tiempo, en que lo estoy contemplando más de cerca, y empapándome un poquito más de ese Gran Misterio hecho carne, y es que se me caen todas las estructuras. El tiempo ya no es tiempo y el espacio se reduce a un sitio perdido, en un pequeño pueblo de Brasil, y en aquella Capilla donde Jesús me mira directo al corazón, sólo a mí. Expuesto y esperando mi llegada. ¿Ahora entienden por qué digo que veo La Gloria en este lugar?

Empiezo mi carta expresando esto, porque de todo lo hermoso e intenso que vivo, esto supera cualquier expectativa: “mirar a quien me mira”, adorarlo, postrarme, entregarme y entregarlos a ustedes cada día, es la fuerza que me mantiene radiante, lejos de mis costumbres argentinas (no todas, los mates no los abandoné); el apoyo de mi familia; el cariño de mi novio y la contención de mis amigas. Son tantos los rostros que tengo para presentarles, pero en esta carta voy a hablarles de los más grandes, los expertos en amor: Los pequeños, nuestros niños.

Los milagros no son apenas esos por los que están llenas las páginas del Evangelio. El milagro de Aquél Hombre era otro: el perdón. Aquí, el perdón era hacer renacer, transformar”

Luigi Giussani

 

Daniel tiene 13 años y 12 de ellos vivió en la Fazenda, ésta es su casa. Llegó aquí con su hermano Marcos que es 3 años mayor que él. Ana Carolina y Weberton tienen 10 y 11 años, son mis “bebés”, vivimos juntos hace dos meses y cada día me roban el corazón (y a veces la paciencia).

Maicon y Marcos tienen 5 y 2 años, viven con su papá en otra de las casas que tenemos en la Fazenda. Cada uno tiene su carácter y encanto, pero algunas cosas conservan en común. De alguna manera, han experimentado el abandono, especialmente el de sus padres.

 

Daiane está perdida en el alcohol y vive en la calle. Sus hijos, Daniel y Marcos, son los hijos de la Fazenda. A veces aparece por aquí borracha y alterada, y se queda sólo unos días, lo que aguante. Yo misma vi a Daniel correr a sus brazos flacos y sin fuerzas, yo misma vi a Marcos cuidar de “la señora”, y también vi sus ojos desilusionados al verla partir tras una botella que calle su dolor. Un día, esos mismos ojos me hablaban de Joselita, una mujer que todavía no conozco y al parecer cuidó mucho de Daniel. Cuando pregunté quién era ella, él mismo me respondió: “es mi madre”, pero al escucharse no dudó en volver atrás y corregir: “No. Es mi segunda madre”

Diana vive en la Coroa (el barrio donde tenemos la casa de Puntos Corazón), los menores de sus hijos viven en la Fazenda, en la casa Santa Teresita, ¿les suena? ¡Donde vivo yo! con Lucie y Caro (las francesas de las que les hablé en la carta anterior). Cuidamos de Ana y Weberton cada día. Su mamá está, pero ella misma se reconoce incapaz de darles la atención que merecen. Duerme hasta tarde, su casa está terriblemente sucia y si tiene suerte come una vez al día. Los chicos llegan cada domingo a la Fazenda para asegurarnos que asistan a la escuela al comenzar la semana. Son felices aquí, aman la Fazenda, pero una cosa es constante: cuando llega el viernes, lo primero que hacen es preparar sus mochilas para ir con “mamita” el fin de semana.

Chó es mamá de los más chiquitos de nuestros niños: Maicon y Marcos. Cuando vamos a su casa, les llevamos noticias de sus hijos y fotos de ellos, pero de vez en cuando llega ella misma a verlos. Un día, volviendo con los chicos de la escuela, la encontramos en el camino que nos lleva a la Fazenda. Sin avisar y ansiosa esperando la combi que los traía.

Nos sorprendimos al verla. Hacía mucho tiempo que no aparecía y los nenes ya no preguntaban por ella. Fue imposible parar la lucha de emociones que ese encuentro me generó. La primera reacción de Maicon fue rechazo. No quería verla, ¡estaba tan dolido! Pero mientras Chó se acercaba a paso lento y llena de vergüenza, su corazón inocente no pudo resistirse. Como aguanta mi corazón, que tan poco sabe de pureza e inocencia de niño, ¡un encuentro como ese! Un “Mamá” tan desesperado y tan frágil, una imagen del abrazo más ansiado, saltos de alegría e ilusión de volver a tener la familia, que todo niño merece y necesita.

Honrarás a tu padre y a tu madre”

Muchos diríamos que esas madres no merecen ese título, yo misma me pregunto por qué tiene que ser así. ¿Cómo será posible estar lejos de aquellos que son parte de ellas mismas? Así como la mujer adúltera, que acepta en silencio y sin pretensión de justificarse, la condena que se aproxima sin piedad; la transparencia de estas mujeres me enseña a agachar la cabeza y a no intentar escapar de las consecuencias de mis faltas. Desde que comparto momentos con ellas, nunca las he oído quejarse por la situación en la que están; y ahí, La Misericordia del Dios que es amor las abraza por medio de sus niños.

Cada uno con su estilo, las devuelve al sitio que el pecado les robó. Ellos mismos defienden y honran el título que les pertenece: “¡MAMÁ!”

 

La oración es la mejor arma que tenemos, es la llave que abre el corazón de Dios” Padre Pío

Por último, quisiera pedir un favor a cada uno de los que lea esta carta; porque son parte de esta misión, porque están conmigo y porque soy testigo del poder que tienen sus oraciones. Recen a Nuestra Señora por Ismael y sus hermanitos. Ellos viven en un pueblito cercano donde vamos de visita. Conocí muchas familias pobres pero ninguna como ésta. Viven en un cuarto más pequeño que mi habitación, los 5 hermanos y la mamá. La mayoría de las veces que vamos a visitarlos tenemos que darnos un baño a la vuelta porque los nenes no están con ropa, se hacen pis y duermen en el suelo.

En medio de todo eso, y con la falta de educación, la siguen luchando. Desde la Fazenda están haciendo lo posible por traerlos aquí, si Dios así lo quiere. Lo demás… en sus manos. Que estos actos de grandeza de aquellos, los preferidos de Jesús, nos hagan crecer en ese Misterio que tanto nos cuesta profundizar a los adultos: “Yo no quiero sacrificios, sino Misericordia” Mt 9, 13

Eternamente GRACIAS por todo lo que dan y disponen, por ser parte de esta obra que renace cada día en un punto: El Corazón. Dios les pague!!!!!!!!!!”

Lucía

Ponto Coração- Fazenda do Natal

A.G. Correio/Simões Filho – Cx P. 28

43 700-000 Simões Filho – Bahía –

BRASIL

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