Nada mejor que el amplio espacio de lectura de la Biblioteca Popular “Dr. Andrés Egaña” para la presentación de un libro, y lo fue a sala llena… Este viernes 30, la contadora Laura Lamberto dio a conocer en Gálvez “El Amor: la energía de la revolución social”, su primera obra literaria que tomó vida pública en la Feria del Libro en Buenos Aires, en abril pasado.

“Es muy distinto hacerlo aquí”, confesó la autora apenas llegada a la Biblioteca, “acá nos conocemos todos, y es un libro que habla mucho de mi sentir y mi pensar, entonces es como mostrarse… Llegué con un poco de nervios, pero también con la paz que te dan los años de empezar a mostrarte como sos, y te hacen más fuerte”.

Luego se refirió a la obra en sí, “que habla de las preguntas que me fui haciendo en la vida, desde mi lugar. Porque a mí me tocó nacer en una familia política, y estar siempre acompañando en política me hizo preguntar cómo se cambia la realidad social y escribo las respuestas que fui encontrando, y las que no también“. “Más que nada -puntualizó-, en las páginas hago hincapié en las experiencia de las cosas que no sólo yo, sino con un grupo de gente con que estuvimos siempre militando, trabajando en política, hemos tenido más que nada con la pobreza económica, porque hay muchas pobrezas, y en todo lo que uno hizo para que eso se solucione y a las claras está que los resultados no son los esperados, entonces reflexiono sobre las políticas sociales, que son las que acompañan a una política económica con la intención de brindar acceso al trabajo, a los bienes sociales y a la inclusión”.

Cuando escribí fueron momentos complicados de mi vida, porque estuvieron acompañados de un problema de salud, entonces tenía todo el tiempo para escribir. No tenía muchas ganas pero esto fue un obligarme a hacer“, recordó, destacando que dedicarse a la escritura por ese entonces fue una forma de terapia, “de salir adelante”. Y sobre cómo entra en juego el amor, Laura entendió que “para vivir se necesita, no sólo para dar sino también para recibir, y la política sin amor, es algo que puede hacer mucho daño“, reflexionó.

Ya en la presentación, la autora estuvo acompañada por Graciela Rodríguez y por Gustavo Lamberto, uno de sus hermanos, quien tras la lectura a cargo de María Cecilia Re de un texto de la profesora Beatriz Rambaldo sobre “El Amor…”, relató a los presentes su visión del material que escribió Laura: “Recién Beti hablaba de justicia, y la justicia no puede estar separada del amor, ni el poder, ni la economía ni la salud, todas se relacionan íntimamente porque todas terminan en el ser humano, por eso la labor de Laura y de tantas otras personas de hacer por aquellos que perdieron la confianza básica. Ví el proceso, ví cómo despertó, cómo tomó conciencia de lo que hace, algunos necesitamos unas cosas y otros otras, pero las necesidades básicas todas las tenemos porque si no, no podemos vivir, por eso hablo de la inquietud que provoca este libro. Me da la paz de saber quién lo escribe, la fuerza que le pone, me da el entusiasmo y el compromiso que tiene, y sí, el amor es energía y la energía es hacer, es estar”. “Por eso -continuó-, yo creo que lo que hace mi hermana es restablecer a través de estímulos, a personas que creen que no sirven, y es una obra sagrada, y como dice Humberto Maturana, “un 90% de las enfermedades se producen porque se interrumpe el amor, y la cura, se da cuando éste vuelve a aparecer”.

Tras el abrazo emotivo entre los hermanos, Laura tomó la palabra y en primer lugar, hizo una larga lista de agradecimientos, para luego contar cómo fue el proceso del libro, su por qué, su paso por una enfermedad de base emocional y su recuperación: “Sentí el peso de las emociones negativas, no me voy a detener en eso pero sí puedo decir que pude salir. Que mi familia sufrió mucho, y que cuando me sentí mejor, me dijo que esto no iba a ser en vano. Aprendí mucho sobre el cuerpo y su relación con la mente, aprendí de química y de emociones, aprendí que no tenemos problemas sino que somos el problema, aprendí a aceptar y tuve que aprender a cambiar emociones. Y cuando pude salir, quise resignificar mi historia, no me quise quedar con lo que perdí sino con lo que aprendí, y quiero ponerlo al servicio de los demás. La persona que cayó en la cama fue una, pero la que se levantó fue otra”.

“Yo empecé a ver sufrimiento humano, no el que viene de darse manija y los problemas cotidianos, sino el que viene del hambre en un niño, de la violencia ejercida sobre el niño, del desprecio y la discriminación en el niño”, reflexionó sobre el libro y sobre la vida, “yo no sé lo que es el hambre, ni el abandono en una edad donde no se entiende lo que está pasando. Hoy tenemos en el país, en la provincia, y muchos en Gálvez, personas y niños sobrevivientes a este tipo de infancia. Por eso tenemos que tener el espíritu en alto, porque hay mucha gente que necesita que tengamos el espíritu en alto”.