Dentro del abanico de actividades que lleva adelante la Fundación Integrar San Jerónimo, se encuentra el programa para jóvenes con vulnerabilidad social. Este programa de políticas sociales locales “comenzó a llevarse adelante, con distintos modificaciones, hace unos tres años, y está dirigido a jóvenes de entre 19 y 30 años, promedio 26, 27, en estado de vulnerabilidad social, lo cual implica una serie de situaciones como haber pasado por trabajo infantil, escolaridad incompleta, consumo problemático de sustancias, algunos con conflictos con la ley penal”, definió Graciela Rodríguez, presidenta de la entidad.

El proyecto incluye varios ejes: uno es la ocupación “a través de capacitaciones que se realizan en el Cefose o con cursos que se desarrollan en otros ámbitos”, otro es la salud -por consultas, abordando la problemática del consumo-, y un tercero es “el desarrollo de un área de Legales, en relación a aquellos jóvenes que estaban en conflicto”. La coordinación del programa está a cargo de Laura Lamberto y un equipo compuesto por asistentes sociales, abogados y docentes en las distintas áreas.

En ese sentido, Lamberto reconoció que “una demanda de los jóvenes cuando empezamos a interactuar fue las dispares condiciones para acceder a trabajos estables cuando no hay escuela secundaria y cuando sí años de calle… Al haber trabajo infantil, muchos tienen problemas de salud, y ya en la edad adulta, ven en sus posibilidades laborales o una changa, o trabajos mal pagos y no registrados. Entonces, lo que hicimos fue tratar de brindarles las herramientas para que su solicitud de trabajo pueda ser tenida en cuenta a la par de una persona con la escuela secundaria”.  De esta forma, en la actualidad se ofrecen cinco rubros de capacitación: electrometalmecánica (cursos de soldadura, herrería, tornería); recuperación y mantenimiento de espacios verdes (que abarcan desde el diseño de un lugar para transformarlo en una plaza, a construir el mobiliario con materiales reciclados, y mantenerlo, colaborando además con distintas instituciones escolares y el Municipio en la pintura de la pasarela); electricidad domiciliaria (trabajaron en sus casas o en la de vecinos que les compraron los materiales); curso de albañilería y el eje carpintería (donde los becarios han construído muebles pagando los materiales para sus viviendas).

 

La experiencia de trabajar con jóvenes en vulnerabilidad social

“Nosotros decimos que esto es más que nada, una experiencia humana, porque si bien es cierto que los chicos adquieren muchas habilidades y se van viendo en concreto lo que aprenden a hacer. Es una experiencia humana de intercambio porque es un volver a las instituciones trabajando o aprendiendo, un volver a esos lugares desde donde están retirados por lo menos de los doce años. Es una experiencia humana de reencuentro para las personas que pasan años fuera de todo y que de esta forma pueden ver las capacidades y habilidades que tienen, y no dejarlos congelados en una mirada que es muy discriminatoria y que hace mucho daño”, entendió la coordinadora del programa.

“Una cosa es opinar sobre una persona cuando no la conoce, y otra cosa es estar todos los días, compartiendo un mate, relacionándose con ella -aseguró-… Creo que hay muchos logros, pero hay que entender que infancias muy duras, con carencias y ambientes de mucha violencia, mezclado a una adolescencia en la calle, genera en la persona un sistema de creencias, de alerta permanente, desconfianza, una manera de pararse en la vida que no se cambia en dos o tres años, sino que es un proceso más largo, donde además de cambiar la persona misma, tenemos que cambiar los que no pasamos por esa experiencia, comprendiendo lo que es todo ese aprendizaje, es decir, sensibilizarnos con el adulto, porque es lo que abre la puerta para el cambio“.

Unos 30 jóvenes ya pasaron por el programa, y varios de ellos hoy entraron al mercado laboral formal, entonces “tenemos un momento de merma, pero a la vez algunos que han ingresado, hoy estamos hablando de 12 chicos aproximadamente, pero esto es un porcentaje muy pequeño de acuerdo a lo que entendemos pasa en Gálvez”. La estructura que tenemos -continuó Rodríguez- “con la complejidad de cada caso, nos habilita a atender este número, pero nos consta que el número es más grande y nuestro propósito está enfocado a estos jóvenes y a todo su entorno. El implementar el aspecto legal dentro del programa fue porque nos encontrábamos con situaciones de algunos de ellos por ejemplo que recibían una citación por equis motivos y eran renuentes a presentarse, entonces nosotros siempre apuntamos a acompañarlos en un proceso de legalidad. Queremos decir que estamos con jóvenes que están en libertad, con algunos que pueden tener antecedentes y siempre una de nuestras pautas es que no avalamos las conductas delictivas, pero sí los hemos tenido que acompañar en un proceso de acercarlos a todas las herramientas de que dispone la justicia a las que ellos no accedían, ya sea por prejuicio propio o de experiencia. Y esto fue un proceso que hoy en día tuvo sus consecuencias positivas. No somos sus abogados defensores, ni actuar como sus abogados, sino que hicimos que conozcan los organismos que están disponibles para ellos como para cualquier otro ciudadano”.

“Nosotros trabajamos“, finalizó Laura, “con personas que están en libertad por las leyes o las maneras en que se implementan las leyes, o por las falencias que tiene el sistema, y la propuesta nuestra es que a esa libertad la utilicen para construir una vida sana y productiva, que tenga un impacto para la vida en sociedad como para la de ellos, y que se puedan sentir bien y criar a sus hijos como todos queremos hacerlo. Nosotros no buscamos sacar personas de la cárcel, o impedir que una persona que tiene un proceso y que éste no se cumpla, pero entendemos que si una persona cambia y se vuelve una persona productiva, va a poder resolver sus cuestiones con el sistema penal y hacerse cargo de sus responsabilidades“.