Este miércoles por la mañana, se tomó conocimiento del fallecimiento de Edith Capdeviele, quien había sufrido un accidente el pasado lunes por la tarde, cuando cruzaba caminando la calle. Tras su muerte, la causa cambiaría de carátula, agravándose la situación para quien conducía el vehículo que participó del choque, un masculino de apellido Alos.

La desaparición física de “Edy”, como la conocían allegados y amigos, causa gran consternación en la ciudad. Incluso el Club Deportivo Jorge Newbery, entidad donde la mujer aún jugaba al tenis a pesar de sus más de 80 años, difundió un comunicado anunciando que hoy miércoles 21 la institución permanecerá sin actividades debido al duelo por su fallecimiento.

En la edición del 11 de agosto de este año, aparecía en Periódico El Informante, una nota que la docente Susana Ballaris, en un trabajo especial para el diario, le realizara a Edith sobre su vida. Como homenaje a esta deportista de ley, y en su memoria, publicamos su historia a continuación:

 

Historias del ayer… en primera persona

Hace más de seis años, llegué hasta la casa de Edith Capdevielle, “Edy”, para entrevistarla y escuchar su historia de vida como referente en la faz deportiva. Específicamente, como tenista.

Al decidir instalarme en la ciudad de Rosario, aquella historia junto a la de Nelly Panzerini, quedaron en mí como una deuda. Deudas del alma –diría-. Hace una semana me comuniqué con Edy, para actualizar datos y para mi sorpresa, me comentó que había cumplido sus 81 años, el 9 de julio. Y que llegaba desde el Sporting Club, ¡de practicar su deporte favorito!

Ahora, me preparo para trasponer el umbral de su vida y así, desarrollar sus vivencias en primera persona. Ella narró. Yo escuché y transcribí; además de imaginarla en su vereda ancha llena de plátanos, en las primaveras y veranos.

¡Gracias, Edy!

Susana Ballaris

Rosario, 4 de agosto de 2012

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Con ustedes:

LA TENISTA

EJEMPLO DE VIDA, EN EL DEPORTE GALVENSE

Suelo sentarme en la vereda de mi casa, junto a las primaveras y veranos; como así también con plátanos que cubren la calle. Frente a mí, están el ferrocarril y la pasarela.

Cuando estoy sentada, siempre me acompaña alguna que otra labor. Al levantar la vista entre bordado y bordado y colocar los colores en la tela, no puedo dejar de recordar aquellas canchas de tenis con polvo de ladrillos, construidas por los ingleses antes que se vendieran los ferrocarriles. Tendrán que tenerme paciencia, si olvido algún nombre o detalle, fueron muchas las vivencias ocurridas frente a mi casa.

Vivo en calle Hipólito Irigoyen. Desde pequeña, veía a través de las ventanas de mi casa cómo los demás jugaban al tenis y al tener 15 años, comencé esta carrera deportiva que me trajo tantas satisfacciones. Amo los trenes. Amo este lugar. Amo el tenis.  ¡Aquellas canchas del Lawn Tenis! Al finalizar las lluvias, a los quince minutos se podía jugar sin inconvenientes, debido a la altura que tenían. Recuerdo a jugadoras y jugadores. ¡Muy bueno Roberto Pautasso! Roberto Mionis, Isabel y Rosita Tojo, Carmen Riera, Doctores Mazza y Rivero, Jorge y Ofelia Etchegaray, Marta Etchegaray de Scaglia, Susana Etchegaray de Mulín, Titina Ledesma, señoras de los doctores Baetti, Romero, Monteverde.

Mi primer maestro fue Osvaldo Lotto, y mis primeros compañeros, Titi Geretto, Haydeé Scaglia y Marta Cassiraga. En aquel lugar, se realizaban cenas y bailes. Había un matrimonio cuyos apellidos eran Luque-Castro, que compaginaban la parte escénica  y de pronto, una cena podía tener como un fondo cubano con bananeros, o sino holandés, o grandes bailes de carnaval.

¿Qué pasó después? Pasé al Sporting Club “Jorge Newbery”. Integré junto a Marta Cassiraga los torneos abiertos en “Remeros Alberdi” de Rosario; allí comenzamos en la categoría C, pasamos a B y luego,  a la categoría A. Pudimos haber participado en la ciudad de Buenos Aires, pero nos fue imposible por el tema viajes. Hay tantos premios y tan buenos momentos vividos… la relación con tanta gente!!!, como cuando jugamos con los abuelos de la modelo Valeria Mazza, en la ciudad de Rosario. Hoy, mis compañeras actuales, aquí en Gálvez, son Marta Mauri, Nora Toloza, Rosa Piccolo, Raquel Cardoso, Daniela Cardoso, Virginia Cardoso, May Guadagnoli, Ana Dellarmelina, Marta Olivella de Garrera, Marta Lotto… ¿Mis jugadores preferidos? Paola Suárez, Gustavo Kuerten, Roger Federer…

¿Mi infancia? Fue una linda infancia, esperando a mi papá, maquinista de tren, que al llegar frente a la casa, tocaba pito y entonces yo, hacía siempre el mismo ritual: me encaramaba al balcón y desde allí lo saludaba. ¡Qué tiempos hermosos! En mi familia todos eran ferroviarios. Hasta mis dos abuelos. El paterno oficiaba de mozo en  el comedor del tren. Amadeo Capdeviele, mi papá, viajaba a Santa Fe, Ceres, Sunchales, Rosario y de cada uno de sus viajes me traía obsequios. Provenía de abuelos vascos franceses. Mi mamá, Libertad Dellagiustina, de Italia… Sobre la mesa del  comedor tengo una hermosa carpeta tejida que llega hasta el suelo, y es francesa, de mi abuela paterna. Sigue estando en la misma habitación, junto a un reloj de pared que quedó sin sonido desde el día en que murió una hermana de mi papá… El ayudó a que sus hermanas pudieran ser docentes, pero la menor falleció justo al finalizar sus estudios y desde aquel día, papá no quiso que ese reloj funcionara y quedó marcada la hora en que murió. ¡Qué historia, ¿no?!

Cuando yo era chica, vivían a mi lado María Aurora Morales, en el lado izquierdo, y en el lado derecho la familia Piccoli, de Isabel Piccoli (luego de Prus). Sus dos hermanos nacieron en esa casa. Y qué casualidad, que mis padres cuando se casaron primero vivieron muy cerquita de aquí, pasando la casa de los Morales. ¿Yo? Nací en San Francisco, Córdoba.

Fui a la escuela primaria “Don José de San Martín” Nº 305, ubicada en calle Boulevard Pasteur, y quiero nombrar a maestros como Aída Homs, Ernestina Bulguburre, el maestro Serra -esposo de Haydeé Rad-, Alba Marioni de Oliver, Otilia Pfeifer de Rampone, Sra. de Martínez… Algunos nombres se escapan de  mi memoria.

Sí recuerdo que el lugar estaba despoblado, pero lo imponente era el movimiento que había donde estaban instaladas “las oficinas de los ingenieros”, donde hoy es el  “Hogar de la Tercera Edad” Fundación  dela Cooperativa Eléctrica, siempre sobre Boulevard Pasteur. En esas oficinas trabajaban entre otros Domingo Pietroni (padre), y José y Roberto  Marzal. Nuestras compras las hacíamos donde está el Liceo Municipal actual. Había allí una cooperativa ferroviaria, pero también solíamos cruzar las vías, para ir al comercio de Ántola Etchegaray, que luego fue Sampaolessi.

Pero hay tanto para rememorar… Los carnavales sobre la calle principal, frente al Hotel Botta, o la  pensión Garrera, para los ferroviarios.

Entre bordados y recuerdos, dejo la vereda y entro a mi casa. Están esperándome las habitaciones, cocina, un hall donde se abren puertas, y un sofá. La casa, esta casa donde he vivido junto a mis padres y donde me he sentido y me siento muy feliz, porque tengo la conciencia tranquila. A ambos los he cuidado con dedicación. Detrás de mí, en el silencio del comedor, sobre un mueble están todos los trofeos, son veinticuatro entre copas y medallas. También una Mención a la lealtad deportiva en el año 1967 y una Mención al esfuerzo deportivo año 2002… Este fue el premio que más me agradó y emocionó, en esa oportunidad una página en el diario Presente sacó fotografías y me hizo una entrevista. Mientras tanto, llega hasta mí el aroma a flores, que viene desde el patio. Puede haber azucenas, rosas. Y los colores de la parra de mi infancia con sus ricas uvas. Como también árboles frutales. Me gusta andar entre las flores. Sentir sus perfumes.

 

Cierro la puerta.

Me zambullo en un mar de hilos de colores.

Prendo el televisor.

¡Están los juegos olímpicos 2012, desde Londres!

Y en ellos, el tenista Roger Federer.

¿Afuera? Hay bullicio.

Hombres que juegan a las bochas.

Paseantes que van y vienen.

Me pregunto: ¿sabrán, que hace muchos años atrás, existieron tres canchas de tenis, frente a mi casa?

¿Yo? Tenía quince años, cuando comencé, a practicar este deporte. Hoy, ochenta y uno, cumplidos el día 9 de julio, ¡y sigo jugando al tenis!.

 

“Amo los trenes”.

“Amo este lugar”.

“Amo el tenis”.

                          Susana Ballaris

 

En las imágenes, Edy en distintos momentos de su vida tenística: a los 16 años, preparada para la acción; jugando en las canchas del Lawn Tennis local, y luego con sus compañeras en el Jorge Newbery.