En septiembre, compartimos con nuestros lectores, una primera carta que nos hizo llegar Hugo, el papá de Lucía Quiroga, joven de nuestra ciudad que se encuentra de misión en la Fazenda do Natal, en Salvador de Bahía (Brasil). 

Hoy, nos hace llegar otro escrito de Lucía (lo que agradecemos), ya con seis meses misionando junto a PUNTOS CORAZON, donde la galvense da testimonio de más historias de pobreza, pero también de amor…

 

 

Fazenda do Natal Carta nº 3 Salvador de Bahía – Brasil                                        26 de noviembre del 2017

Lucía Quiroga

“¡Hola Argentina! ¿Cómo están? Espero que felices y en paz, sabiendo que Nuestra Señora está con ustedes donde quiera que vayan. Ya han pasado tres meses más en esta aventura que decidimos emprender juntos, y qué lindo es sentir cómo me sustenta la presencia y la oración de cada uno, ¡GRACIAS!.

Les cuento que aquí fueron meses de cambios y de buenas noticias. Tres meses de lindas visitas, algunas pasajeras y otras que han decidido quedarse. Una de esas buenas noticias es la familia de Sandoval. Ellos son de un barrio muy humilde de Salvador, han perdido su casa y hasta que consigan otra se quedan en la Fazenda. Sandoval y Edneia están casados hace 13 años y tuvieron 4 hijos: Sadraqui de 15 años, Paloma de 13, Mesaqui de 11 y Mardoqueo de 1 añito. Sólo el papá sabe leer, los demás son muy, muy simples. Hay que enseñarles a bañarse, lavarse los dientes, comer con cubiertos y tantas otras cosas difíciles de imaginar, luego de haber vivido en un mundo, que no parece ser el mismo que el nuestro. Descubrir lo que me generó ver 4 niños y una mamá comportarse de esta manera fue muy duro. Hablar de cosas tan simples como modales, ya no fue tan simple; y las demostraciones de cariño y cuidado, parecen no haber sido algo común para nuestros nuevos amigos. Sandoval… hace lo que puede. Es un hombre inteligente y trabajador. Tuvo una vida interesante, pero desde que quedó ciego no puede desenvolverse como quisiera. Según dice, la discapacidad no es un problema, lo triste es que el problema para él son sus hijos. Hasta llega a sentir vergüenza de ellos y le es muy difícil aceptarlos y amarlos. En medio de esa situación, el Señor me habla muy fuerte de la compasión. Ahí pude descubrir que compartía con Don Sandoval la misma miseria humana: él rechazaba a sus hijos y yo lo rechazaba a él. “No tenemos paciencia con los otros, porque odiamos en ellos nuestra propia malicia” – Romano Guardini. No fue fácil descubrirme tan vulnerable, pero mismo en esa miseria está escondido Jesús, esperando que le de la oportunidad de empaparme con su misericordia que todo lo alcanza: “Dios dice: de a esas cosas todo su peso. Yo me colocaré después, al lado de ellas. Y entonces, sucederá lo que pasa cuando Dios se yergue delante de la criatura: ella propia adquiere transparencia, su peso humano se libera y todo se cumple” -Romano Guardini.

Hace dos meses invitamos a Paloma a pasar más tiempo con nosotras en la casa “Santa Teresita”. Está todo el día aquí y luego de cenar y mimarla mucho, la dejamos en la casa de su familia. Eso nos permite enseñarle mejor; tenerla más cerca para ayudarla a estudiar, motivarla a ganar hábitos de higiene, compromiso. Podemos leerle cuentos y así vamos contagiando en ella el deseo de una organización, una rutina que le ayude y equilibre. Al principio le resultaba muy difícil recibir nuestro cariño; no hablaba casi nada, lloraba a escondidas y luchaba por controlar la gran sed de amor que sus ojos no podían disimular. Ahora Paloma está comenzando a descubrir sus alas, a tener ¡una consciencia de amor! Y es ella la que nos llena de gratitud y nos hace sentir amadas con tantos abrazos y sonrisas. “Ella despliega su fuerza de un extremo al otro, y todo lo administra de la mejor manera” – Sb. 8, 1

Me gustaría compartirles también cómo me encuentro conmigo misma, y esa es mi mayor sorpresa. De repente me hallo haciendo cosas que nunca hubiese imaginado hacer, o comportándome de una forma que no parece ser la mía, pero aquí estoy. Tal vez no me conocía lo suficiente. El que me está mostrando quien soy de verdad es Diego. Podría decir que Diego es el más pobre de los pobres en la Fazenda. Él no habla, no camina, no hace casi nada por sí mismo, excepto comer. A los 12 años llegó aquí, por medio de antiguos amigos de los niños que visitaban un orfanato. Allí vivía Diego, casi abandonado y en crisis constante. La Fazenda fue un nuevo amanecer, y desde ese momento él es canal de Gracia para todos aquellos que estuvieron y estamos con él. Me pregunto, ¿cómo es que aquel “menino” de mirada constante pudo hacer que entre tan profundo en mí misma y descubrir esta nueva Luci? Capaz de cuidarlo, acostarlo, cambiarlo y ¡hasta bañarlo! Didi (así le decimos) es presencia y nos hace estar presentes. La pobreza que lo deja desnudo dos veces al día me obliga a estar, o mejor, ser, en ese momento particular. No puedo escapar, ¡él depende de nuestro cuidado! y sólo se limita a mirarme a los ojos, en donde encuentro el abismo que me separa de la persona que realmente soy. Didi es tan pobre que llama la atención. Todo aquel que viene a la Fazenda por mucho o poco tiempo, luego de buscar la presencia de Jesús en la Iglesia, busca la presencia de Diego, el “menino” en silla de ruedas, el más rico entre los ricos. “El corazón del hombre es el lugar de nuestra existencia personal, en que nosotros somos aquel nivel de la naturaleza, en que la naturaleza se torna exigencia de relación con lo infinito, exigencia de relación con Dios.” – Don Giussani

Son innumerables las historias que tendría para contarles sobre él, pero voy a compartirles una de la cual soy testigo. Cada uno de los que cuidamos de Diego nos vamos dividiendo la semana para atenderlo. Hace un tiempo Padre Felipe (que cuida de él los martes) tuvo vacaciones, así que resolvimos llevarlo a la “Coroa da Lagoa”, barrio donde vive una mujer que antes se ocupó de Didi en la Fazenda y donde está la otra casa de Puntos Corazón. En ese lugar fui testigo de la misión de Diego: una vecina del barrio que tiene un hijo con una discapacidad similar a la de Diego, se avergonzaba de eso y mantuvo a su hijo escondido en la casa. Parece que la revolución que se generaba en la “Coroa” cada martes cuando llegaba nuestro Diego, la llevó a querer conocerlo y, una vez que se dio el encuentro, el encanto de Didi le enseñó a abrazar la realidad tal cual es. Ahora ella misma da su hijo al mundo y hasta pidió a Arnaud (otro amigo de los niños) que se encargue de la fisioterapia. El agua de la vergüenza se transformó en el vino de la aceptación y el amor. A metros de esa casa, en el Punto Corazón “Sagrada Familia”, se la llama a María con el Rosario cada día, hace 23 años. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia.

Un fuerte abrazo, y un poquito más especial, a mi querida Parroquia y Comunidad de Gálvez en el día de su Fiesta Patronal. Santa Margarita de Escocia, ruega por nosotros”.

Lucía