Compartimos con nuestros lectores una carta que llegó a nuestra casilla de correo.

 

Hola a todos. Jubilarse para un médico tiene partes dolorosas, como la pérdida de la relación médico paciente, la pérdida de mi relación -en general excelente al menos para mí- con el personal, mucamas, enfermeras, mis queridas/os de Terapia, nuestras discusiones por mi ansiedad para aliviar a un paciente… y también la buena relación con algunos colegas.

Al jubilarme me dediqué más a mi hobby preferido, la fotografía; entré en un grupo para la memoria donde paso un momento muy agradable con “las chicas”, muchas de ellas con un espíritu de una jovencita y una jovencita que es la “profe”. Espero los lunes…

No dejo de leer mi medicina adorada, pero mi joya privada, mi esposa, me “empujó” a entrar en un coro. (Es terrible como me domina esta mujer). Yo en un coro !!!! Integrado, claro por gente de mi edad y la de María Angélica.

Bueno, el caso es que días pasados fuimos a cantar al club Atenas en el marco de una actividad organizada por un grupo político de la ciudad. Allí, me reencontré con una veintena de ex-pacientes y recibí tantos besos, abrazos, sonrisas de cariño que valió la pena estar ahí un domingo a las 15 horas (los que me conocen, saben que eso es medio “misión imposible”). Por suerte estuve presente y de allí fuimos al “Playon” del ferrocarril donde repetimos nuestra “actuación”. Y volvieron a repetirse las escenas de afecto.

Fue un verdadero “baño de afecto “, por supuesto compartido. No tengo manera de abrazarlos a todos para agradecerles , por eso los escribo aquí…MUUUUUCHAAAAASSSS GRAAAAAAACIAAAAAAS a todos !!!

Dr. Raúl Espíndola – Médico Cardiólogo