Con motivo de la conmemoración del Día de la Cardiología, escribe a GálvezHOY el Dr. Raúl Espíndola.

El 9 de abril se conmemora el día de la Cardiología Argentina en homenaje a la Fundación en esa fecha de la Sociedad Argentina de Cardiología, en el año 1937. Casi curiosamente, primero existió la Revista Argentina de Cardiología en la cual trabajaron prestigiosos cardiólogos de la época, desde el año 1934.

Este trabajo dio como fruto el convencimiento de la alta incidencia y mortalidad de las enfermedades cardiovasculares, lo cual dio origen a la creación de la Sociedad Argentina en 1937, como queda dicho.

Por su parte la Federación Argentina de Cardiología fue fundada en el año 1965 por un grupo muy significativo de cardiólogos de distintas Provincias del país, nucleados en las siete Sociedades de Cardiología existentes en ese momento (Córdoba, Rosario, Mendoza, San Juan, Noreste, Tucumán y La Plata), quienes por importantes discrepancias con la estructura y conducción de la Sociedad Argentina de Cardiología decidieron separarse de la misma. Y no es menor destacar que esta relación “discrepante” continuó con acercamientos y alejamientos hasta nuestros días…

No escapará al lector como se repite este mismo “fenómeno” en distintas actividades de nuestro país.

Pero no es ésto lo que me mueve a escribir este artículo…

Argentina ha tenido, tiene y seguirá teniendo maestros y alumnos de la cardiología que van transmitiendo sus conocimientos de generación en generación.

Y lo que me movió a escribir este articulo fue la actitud de uno de esos extraordinarios maestros recibida por mail y que me emocionó.

Un colega cuenta que en una oportunidad tenía una tramenda duda con un Electrocardiograma de una niña que impresionaba como de una arritmia muy grave… Según cuenta el colega no tuvo mejor idea que consultar con el Dr. Marcelo Elizalde, cardiógo de extraordinarios conocimientos sobre ese tema y otros, -un hombre que transmite una paz y tranquilidad contagiosa-. El joven colega se presentó en el consultorio del profesional sin avisar, ni preguntar si podía atenderlo, ni nada. Habló con su secretaria y le explicó su problema. Él pensó que lo iban a echar a puntapiés, mientras la secretaria consultaba con el Dr,.Elizalde. Para su sorpresa, el maestro lo hizo entrar de inmediato, lo hizo sentar y miró el ECG y le dijo que, en efecto, el diagnóstico era el que el había pensado. Una arritmia grave. El colega se arriesgó a preguntar si no sería alguna falla del equipo que había hecho el ECG. Elizalde se levantó lentamente, el colega pensó aquí me raja al diablo, pero en cambio el maestro le dijo: -bueno, consultemos con la Dra Tambussi, otra prestigiosa cardióloga de Buenos Aires de aquellos años…

El verdadero maestro, el que verdaderamente sabe, no se cree, en cambio, dueño de la verdad. Piensa, como cualquiera, que se puede equivocar, pues su mente es amplia. Así son los verdaderos maestros.

Dr. Raul Espíndola