En el marco del 2º Congreso Regional de Mujeres, el día viernes por la tarde se llevó adelante el panel “Trabajo sexual: autonomía y derechos”, en la voz de Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR (Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina), entidad que apunta a discriminalizar el trabajo sexual, a la vez que impulsa una ley de reconocimiento de derechos que habilite a sus integrantes, a una obra social y aportes jubilatorios.

Consultada acerca de si el trabajo sexual es un trabajo por elección, la dirigente entendió que el trabajo sexual “es un trabajo por decisión… Elegir hay muchas personas que no elegimos libremente el trabajo que queremos hacer, y no es un problema solamente de la trabajadora sexual, sino que es un problema que pertenece a la clase obrera: el operario no elige libremente ser operario, la empleada en casas particulares tampoco, ni el albañil, el cartonero… Son pocas las personas que tienen el privilegio de trabajar en lo que les gusta y en lo que tiene que hacer por vocación”. “Para nosotras, el trabajo sexual representa una de las mejores oportunidades laborales que tenemos por venir de los sectores populares. Justamente por venir de sectores populares, a la hora de salir a trabajar, a veces hacés lo que sea y por necesidad de sobrevivir en este sistema, en trabajos en condiciones muy mal pagas, y la prostitución, en comparación con esos trabajos, nos remunera económicamente mejor y por eso termina siendo una elección dentro de las pocas opciones que tenemos“.

En ese sentido, AMMAR defiende hace 23 años los derechos de las trabajadoras sexuales en el país, “y hoy estamos tratando de deconstruir ciertos mitos alrededor de nuestro trabajo, ciertos prejuicios respecto a la sexualidad, que siempre tiene una mirada muy mala… Siempre se habla desde un lugar de la victimización o el desconocimiento, y con un fuerte componente moral de si la prostitución es un trabajo y cuál sería la respuesta que debe tener el Estado“, sostuvo Orellano, puntualizando que “todos somos diferentes, que todos tenemos distintas trayectorias de vida y que lo importante es respetar la palabra de la otra persona y acompañar su lucha. Si hay una compañera que te dice que quiere seguir en el trabajo sexual, pero lo quiere hacer con sus derechos, el movimiento tiene que acompañar esa demanda, como también si hay otra que te dice que quiere otra salida laboral, el Estado debería generar políticas públicas en torno a darle otra posibilidad”.

La asociación nació a fines de 1995, cuando “un grupo de trabajadoras sexuales de Capital Federal, se comenzó a organizar sobretodo quienes ejercían trabajo sexual en la vía pública, porque en ese momento había edictos policiales que criminalizaban el uso de espacio público para la oferta de servicios sexuales, así que comenzaron a organizarse para poder trabajar en libertad, no tener que pagar a la policía y no tener que ser detenidas por el sólo hecho de transitar el espacio público ofreciendo servicio sexual con penas duras de hasta 60 días de arresto. Cuuando se logró derogar esa normativa en el año 1998, se comenzó a organizar a nivel nacional entendiendo que Argentina es un país federal y que cada provincia tiene su legislación”. “Por suerte -continuó- en la provincia de Santa Fe se logró derogar en el año 2005, luego del asesinato de la dirigente de AMMAR Rosario Sandra Cabrera, que fue muerta en 2004 por denunciar explotación de niños y niñas en la zona de la terminal y que a casi 15 años, su asesinato continúa impune”.

AMMAR reivindica la palabra “puta”, para quitarle la connotación negativa que conlleva. “Nuestra principal conquista ha sido tener voz propia… Históricamente han sido otras personas quienes pensaron, decidieron políticas o tuvieron voz por nosotras, y eso es el logro: hoy podemos decir orgullosamente que somos trabajadoras sexuales, que ya no sentimos vergûenza por lo que hacemos, porque sabemos que no es delito y porque la herramienta sindical es para nosotras lo más importante para transformar las condiciones laborales de nuestro trabajo“.